Contábamos los días juntos. Contábamos los besos compartidos, las miradas profundas y las noches unidos. Los contábamos a cada momento, por miedo a que algún día el marcador volviera al cero. Guardábamos cada recuerdo en un baúl infinito mientras de a poco recreábamos cada uno de ellos.
Nada lo hacía más feliz que verme. Nada lo hacía más feliz que abrazarme. Y en un abrir y cerrar de ojos perdió su razón de felicidad. Perdió su objetivo, aquel para el que fue creado. Aquel por el cual debía vivir.
El dijo que haría todo por mí. Dijo que nada haría para perjudicarme y todo para poder amarme. Pero se alejó y mientas lo hacía sólo quedaban resonando sus palabras. Palabras que con la memoria se esfuman, se acortan y desaparecen.
El venía, tomaba mi mano y pasaba horas explicando su necesidad de mí. Explicaba que su corazón no seguiría el mismo caudal de no ser por mi corazón. Que su alma se teñiría de gris si me alejaba a pocos pasos de su sombra. Que yo era su todo. Y ahora tiene el alma gris, y el corazón ralentizado. Ahora vive en la nada.
Decoró con dulces refutaciones su huida, disparando culpas a mis hombros y olvidando quién era mientras lo hacía. Olvidando el baúl y abandonando poesías. Se alejaba y, mientras lo hacía, sus pasos dejaban huellas, huellas que juntas formaban mi figura vacía y aplastada por la angustia. A cada paso una pieza del rompecabezas llamado despedida.

Exelente descripción de una decepción.
ResponderSuprimirMadame Barrilete, tus comentarios no tienen desperdicio.
Es esta vida, de todo nos toca aprender y sacar su enseñanza, quizás hoy no te des cuenta, porque el dolor lo oculta.
Vamos corre que el futuro te alcanza!!!!!
Suerte y mucha!!!!!
Gracias Maria Luisa! Este fragmento lo escribí hace varios meses sin saber que me iba a calmar el corazón tantísimos meses después. Destino o lo que fuere, tengo que aprender e intentar que sea con el menor dolor posible!
ResponderSuprimirGracias por leerme!
(Éxitos en la presentación)