Hace años que los hombres se han dedicado a cortejar a mujeres a cambio de…bueno sí…satisfacer necesidades. Ellos nos buscaban, nos pedían un baile, una sonrisa, nos decían un piropo…algo!!! El cortejo era algo totalmente necesario, sin eso no había nada que pudieran hacer para que estuviéramos a sus lados. Hoy en día la cuestión cambió.
Mientras recorremos nuestras vidas tranquilas esperando que un hombre se cruce en nuestro camino para darnos felicidad, amor y satisfacer NUESTRAS necesidades personales; nos encontramos con un puñado de mujeres impacientes que no esperan…se lanzan al acecho de su presa.
La situación final es que los hombres, después de un largo tiempo, se acostumbran a no buscar…a encontrar. En definitiva, se vuelven mujeres en este juego de roles llamado cortejo. Es fácil para ellas, como comprar la anticipada a un recital de su grupo favorito; se garantizan no perderse nada “comprando” a tiempo. Se garantizan al chico que quieren.
Las que sean del grupo de “las impacientes” van a tener que leer esto y no quejarse de ningún punto, no me objeten que por su culpa estamos acá. ¿Qué motiva a la mujer a buscar antes de encontrar? Quizás el miedo a la soledad, el reloj biológico o simplemente el sentido de posesión: tener primero lo que todos quieren. Pero aún no me conforman ninguna de estas respuestas.
La respuesta clave, creo yo, es el feminismo-machismo. Nacemos escuchando que no somos capaces de hacer nada por nuestras vidas, que el sexo femenino es inferior en todos los aspectos, que somos menos. Entonces, ¿por qué no demostrar que sí podemos?
¿Por qué no demostrar que nosotras también somos capaces de estar en sus lugares? Demostrar que no los necesitamos, que los tenemos en la palma de la mano, que el cortejo lo podemos hacer nosotras también; mujeres dignas e independientes que no necesitan a los hombres, porque bastante mal nos han hecho en su momento.
Para aquellas con este pensamiento y aquellas que se consideran feministas, tengo que decirles que yo también fui en algún momento una de ustedes…pero cambié de idea. Resulta que el cortejo del hombre es necesario, que no todas nosotras nacemos con ese poder de cortejar ya que a algunas nos cuesta horrores acercarnos al hombre que nos gusta.
El hombre nació para cortejar…dejemos que lo haga con tranquilidad que a nosotras, muy bien no nos sale.
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada